• CAMPUS CANGAS 2021

CUÉNTAME UN CUENTO


Alguien me contó en una ocasión un cuento de fácil comprensión. No lleva mucho tiempo su lectura. Desconozco su procedencia y si pertenece a alguna escuela o movimiento literario influyente.

En algún lugar de un lejano país me fabricaron. Pequeños profesionales se afanan en jornadas intensivas de trabajo para darme forma, moldearme e incluso empaquetarme. Así llego con facilidad a distintos emplazamientos mundiales. Mi primera parada , en esta ocasión, me ubica en un rectángulo de juego. No observo entre los presentes objeto alguno que se me parezca. Los hay de otros tamaños, con formas y colores atractivos, pero ninguno que se me parezca. Son utensilios que les permiten realizar a las allí congregadas un circuito combinado de ejercicios para su puesta en forma.


Caramba, como ha cambiado esto desde la última ocasión que anduve por este territorio. Me siguen dando uso. Y a pares. No dejan de abusar de mi buen estado de forma. Aunque, en ciertos momentos me castiguen al el rincón de pensar.


Prosigo mi camino. En este nuevo lugar, me aborrecen. No hacen uso de lo que represento. Sólo me rodean individuos saltando escaleras, con un pie, con dos e incluso correteando por los alrededores. Me aburro. Voy a dar un vistazo más abajo.


Esto me resulta más familiar. Se parece a lo que conozco. Del lugar del que procedo también los he visto. De variopintos colores , para competir con mi aspecto. Lo que no entiendo es porque me mira desafiante esa jovenzuela. Como tampoco comprendo lo que hace. Que cosas más raras hacen estos humanos.



Avanzo unos metros. Una escultura altísima detiene mi mirada. Con un pose rudo, estoico y en equilibro compone una figura semejante a una escultura de esas denominadas famosas. Sigo sin entender nada.


Voy a probar suerte en otro emplazamiento. ¡Recórcholis! Otro comportamiento extraño. Siguen si hacer uso de mis bondades. Por el contrario, rozan sobre el suelo en una postura incomprensible, desde mi óptica. Parece que se ha puesto de moda, y según me aseveran unos compañeros se denomina estiramientos.


¡Albricia! Que veo. Un ruido pertinaz, grave y constante que me resulta familiar. Intentaré probar suerte y acercarme. Seguro que conozco a alguno de los que se desenvuelven por la cancha.



Qué mala suerte. Se han escondido todos , de repente. La parte central de la cancha está ocupada por un grupo heterogéneo de personas. Esperare un rato por si puedo acercarme a alguna. Me han dicho que con frecuencia emplean un artilugio muy parecido a los de mi especie. Pelota, me parece que lo llaman. Parece, que no hoy no es mi día de suerte. Tras una pausa de espera no aparece.


Debo continuar mi camino. Bravo, bravo, bravo....Ni, uno, ni dos, tres, tres representantes de mi gremio en plena faena de trabajo. Estoy en el lugar adecuado y en el momento oportuno. Me quedo, no quiero rodar más. Por fin, he encontrado mi sitio.

¡Ah! no os he mencionado mi nombre, me llaman balón, practico una especialidad, el baloncesto, que tiene muchos adeptos repartidos por todo el mundo.

Por cierto, ya recuerdo donde me contaron esta historia. En Cangas del Narcea una tarde del mes de Agosto del presente año.

Buenas noches. Vete a la cama con un sueño y despiértate con un propósito.






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